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Con esta imagen inauguro un nuevo rincón dedicado a la iconografía de un acto cada vez más perseguido y denostado: fumar. Pretende ser un testimonio visual con cierta impronta de nostalgia.
El otro día leía que, en algunos estados de EE.UU., las empresas podían exigir a sus empleados pruebas de orina para determinar si eran fumadores, aunque ejercieran como tales sólo en la privacidad de sus domicilios, y despedirles por esa causa. No me extrañaría que esos vientos de intolerancia acabaran por soplar en la vieja Europa. Tiempo al tiempo. Puede que pronto Bogart (y su cigarrillo) sólo sea el icono de la inmoralidad.
[Y, mientras, los malos humos de la contaminación asfixian nuestras ciudades y nadie cuelga etiquetas con sus índices de enfermedad y muerte.]

