Gigoló

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Mi matrimonio se iba a pique a la velocidad de la luz. Y para no rendirme a la evidencia, decidí aceptar una de sus proposiciones. Un ménage à trois con otro hombre. Entonces, no era una de mis fantasías. De hecho, la idea me violentaba. Demasiada testosterona junta. -De acuerdo,- le dije -con una condición: lo elijo yo. No puso inconvenientes.

Mis gatos

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Mis gatos: él, rubio... ella, con la máscara negra.

Amanece en el sur. Otra noche sin apenas pegar ojo. Estoy angustiada y triste. Mi gato lleva cinco días y 6 noches sin volver a casa. Nunca se había ausentado tanto tiempo, a lo sumo ha estado fuera 2 días, y empiezo a temer lo peor. No hago más que salir al jardín a silbarle. Conoce bien esa señal, pues es la llamada a comer. Los gatos aprenden rápido ese tipo de cosas. Aunque, con los perros, todo es más simple, les llamas por su nombre y acuden raudos, sea para lo que sea. He recorrido silbando las urbanizaciones adyacentes y recorrido las calles cercanas, hasta he mirado en las cunetas. Y nada.

Alfred Cheney Johnston - Cigarette (1933)

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Con esta imagen inauguro un nuevo rincón dedicado a la iconografía de un acto cada vez más perseguido y denostado: fumar. Pretende ser un testimonio visual con cierta impronta de nostalgia.

El otro día leía que, en algunos estados de EE.UU., las empresas podían exigir a sus empleados pruebas de orina para determinar si eran fumadores, aunque ejercieran como tales sólo en la privacidad de sus domicilios, y despedirles por esa causa. No me extrañaría que esos vientos de intolerancia acabaran por soplar en la vieja Europa. Tiempo al tiempo. Puede que pronto Bogart (y su cigarrillo) sólo sea el icono de la inmoralidad.

[Y, mientras, los malos humos de la contaminación asfixian nuestras ciudades y nadie cuelga etiquetas con sus índices de enfermedad y muerte.]

Emigrantes y nuestra amnesia colectiva

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Fotografía de Dorothea Lange

Conversación en un supermercado:

Sus: -Cuánto tiempo. ¿Cómo estás?

Dora: -Hola, Sus. Sí, tiempo sin vernos. Pues hoy muy regular, ando de cabeza.

Sus: -¿Tienes problemas?

Dora: -¿Problemas? Más que eso. A la muchacha le ha dado por estar enferma y se ha ido al médico. Y con todo lo que tengo encima, aquí me tienes, con la compra.

Sus: -¿Te refieres a tu interna?

Dora: -Pues claro, ¿a quién va a ser? Me tiene muy harta.

Sus: -Bueno, mujer, son cosas inevitables.

Delara Darabi, la prisionera de los colores

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Delara Darabi, pintora y poeta iraní, fue ejecutada el año pasado en la prisión de Rasht, en el norte de Irán. De nada sirvió la campaña internacional para salvar su vida. Fue detenida en 2003 junto a su novio, acusada de asesinato. Tenía entonces sólo 17 años. En un primer momento, se autoinculpó para salvar a su novio de la horca, persuadida por éste, y en la creencia de que al ser menor de edad no la condenarían a muerte. Después se retractó y durante sus años de cautiverio mantuvo desesperadamente su inocencia. El juicio estuvo lleno de irregularidades y no se admitieron ninguna de las pruebas que podrían haber demostrado que no cometió el crimen. De hecho, la única prueba que usaron los jueces para imponerle la pena capital fue su autoinculpación inicial. Las autoridades judiciales, una vez más, tampoco respetaron los tratados internacionales, que Irán ha rubricado, y por los que no se puede condenar a muerte a quienes hayan cometido delitos antes de su mayoría de edad.

Delara fue ahorcada el 1 de mayo de 2010 en la misma prisión donde estaba confinada. Y eso a pesar de que el Jefe del Poder Judicial de Irán había anunciado, pocos días antes, la suspensión de su ejecución durante dos meses. Pero las autoridades provinciales hicieron caso omiso. Ni siquiera comunicaron la ejecución a su abogado, pese a que están obligados por la ley iraní a hacerlo, al menos, 48 horas antes. A Delara Darabi únicamente se le permitió hacer una angustiosa llamada telefónica a su familia pocos minutos antes de ser asesinada, porque no tiene otro nombre, y con la horca a unos metros de su vista. Mientras suplicaba a su madre que la salvara, le fue arrancado el teléfono para ahorcarla a continuación. Nadie de su entorno cercano pudo acompañarla en sus últimos instantes.

Su novio fue condenado por cómplice de asesinato a 10 años de prisión.

Durante sus años de cautiverio, Delara expresó sus emociones a través de la pintura y la poesía, cambiando totalmente de registro con respecto a obras realizadas con anterioridad. Su pintura pasa a ser de un impresionismo colorista, alegre y cándido a un expresionismo tan feroz y duro como la angustia que debió sentir durante esa larga espera en el corredor de la muerte. Tan fue así que, en 2007, intentó suicidarse cortándose las venas de las muñecas. Una compañera de prisión dio la voz de alarma y no logró su objetivo. Este hecho lo expresaría en una de sus obras de forma totalmente explícita, aunque también podemos intuir ese episodio traumático en sus pinturas más abstractas. Realiza sus cuadros, a menudo, con los dedos y las uñas, usando pintura negra (carbón) para expresar su desgarro y la soledad en sus sombríos días de encierro. La cárcel no sólo la priva de su vida, sino también de los colores, a los que sólo tiene acceso en contadas ocasiones. Y cuando puede hacerlo, usa con frecuencia el color rojo sangre como único contraste con el blanco y el negro. Ella se llamó a si misma “prisionera de los colores” por su amor a la pintura. Sus figuras, emergiendo como espectros en la noche, reflejan el sufrimiento, la desesperación y la muerte. Y sus pinturas más abstractas se parecen demasiado a una herida abierta. Toda su obra es un puro grito de dolor. Es el reflejo del infierno vivido.

Por desgracia, salvo algunos ejemplares, es difícil recopilar su obra con buena definición en Internet. La mayoría de sus pinturas fueron publicadas en su día en el contexto de una amplia campaña internacional por su salvación, y, una vez malograda su vida, muchas páginas fueron cerradas. En apoyo a esa campaña por su liberación, se realizaron dos exposiciones de pintura de Delara Darabi: una en Teherán, en 2006, y otra en Ámsterdam, en 2007. A pesar de la escasez de la disponibilidad de su obra, merece la pena recordar su talento y su causa a través de esta pequeña pero intensa colección.




Desayuno con sirvienta

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Fotografía de Ellen Von Unwerth

Me gusta pisar firme cuando estoy llegando a la suite del hotel. No siempre es el mismo hotel, pero siempre es la mejor habitación disponible. Él cuida esos detalles. Sé que oye el repicar de mis tacones y eso aumenta su desazón. Un breve golpe de nudillos y me abre la puerta. Sus ojos negros me dicen que quiere besarme con la pasión de una larga ausencia. No podemos vernos todo lo que quisiéramos. Es un hombre casado y es más esclavo de su trabajo que mío, mal que me pese. Sabe que no puede abalanzarse sobre mis labios hasta que no le de el consentimiento. Alguna vez se la ha jugado y entonces no he tenido más remedio que cruzarle la cara sin ninguna misericordia. En su mundo exterior, es un hombre acostumbrado a mandar. Una vacilación por mi parte, y a la mierda nuestro pequeño imperio de los sentidos. En nuestro reino íntimo y secreto, yo soy la soberana absoluta y él, mi siervo. Hubo un tiempo en el que quería arrebatarme el cetro. Finalmente, se rindió. Bajo mi yugo es mucho más feliz.

Paul Éluard - carta de amor a Gala (abril 1928)

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Salvador Dalí - retrato de Paul Éluard (1929)

Euabonne, abril de 1928

Lunes a las cuatro

Mi amor querido, mi dulce amor, sigo en cama. Acabo de tener un sueño maravilloso, uno de esos sueños diurnos donde las emociones físicas te dejan al despertarte toda la parte correspondiente al deseo… y el deseo que arrastras después, ya despierto, se parece tanto al placer del sueño. Estaba tumbado en una cama al lado de un hombre que no puedo identificar con seguridad, pero un hombre sumiso, soñador desde siempre y para siempre y silencioso. Le doy la espalda. Y tú vienes a tumbarte cuan larga eres pegada a mí, me besas los labios dulcemente, muy dulcemente y yo te acaricio bajo el vestido los senos, fluidos, tan vivos. Y tu mano pasa, muy despacio, por encima mío, busca al otro personaje y se aposenta en su sexo. Lo veo en tus ojos, que se turban lentamente, cada vez más. Y tu beso se hace más cálido, más húmedo, y tus ojos se abren más y más. La vida del otro pasa a ti y al poco rato es como si masturbaras a un muerto. Me despierto, ligeramente ebrio, incapaz de renunciar al placer. Confieso que el regreso a Arosa no me parece triste, que de hecho no es un regreso a Arosa sino un regreso a ti, por consiguiente a mi amor. Por consiguiente, sólo una cosa deseo: verte, tocarte, besarte, hablarte, admirarte, acariciarte, adorarte, mirarte, te amo, te amo sólo a ti, la más bella y en todas las mujeres sólo a ti te encuentro: toda la Mujer, todo mi amor tan grande, tan simple.

Estoy mejor. Esta mañana ha venido Philippon, dice que hay que ser prudente, pero que no tengo nada en el pecho. Me ha dado para la nariz, que me molestaba mucho, una pomada de cocaína que me ha calmado inmediatamente. He pensado muchas veces en mandarte libros, pero no los he encontrado hasta hace tres días. Y los leo antes de llevármelos, por prudencia. Tendrás al menos tres, de los que dos te gustarán, seguro que te encantarán. En todas las cartas te digo que los vestidos están bien y estarás esperando el oro y el moro. No te hagas demasiadas ilusiones. Tengo, por el contrario, la impresión de que será apenas lo justo. En fin, con tal de que mi bienamada haga el amor bien desnuda… ¡y también bien vestida!

Recibí vuestro telegrama antes del sueño descrito al dorso. «Besos», decía. Eso fue lo que me inquietó tanto. Y también unos recuerdos reavivados, ya te contaré en Arosa. Pero sufro terriblemente de tu ausencia. Tengo una voluntad cada vez más fuerte de mejorar. Me sentí muy halagado por las alabanzas de una pequeña berlinesa muy bonita que me encontré en casa de Crevel (la conocimos en Berlín; quería vender dos pequeños Rousseau. Su marido era un joven pederasta [bastante] guapo, a ti te pareció hasta «muy apuesto»): que soy «grande y apuesto, con la cintura estrecha y los hombros anchos». ¡Que conserve sus ilusiones! ¡Quitárselas me parecería un sacrilegio!! ¡Ji! , ji! Te mando más fotos de tu Jouk que «también» se comporta muy «amablemente» conmigo, se sube a la cama. Le hablo de ti. Mueve el rabo, me apoya el morro en la mano.

Saldré sin falta el viernes por la noche. Deberíais salir de Magadino el sábado por la mañana, temprano, para llegar a Arosa por la noche, a menos que prefiráis quedaros el domingo en Magadino por razones. Os aseguro que no haré ningún reproche. En ese caso lo arreglaré todo en Arosa para recibiros dignamente. Mi deseo de veros no disminuirá por ello. En cualquier caso, lo cierto es que vuestra imagen no se separa de mí un instante, que os amo en todo: en todo, también en toda carne, en todo amor. Soy vuestro marido para siempre,

Paul

Os mando un dibujito que me gusta mucho. Para enmarcar. Y mis fotos. También me van a reembolsar un exceso de impuestos que pagó mi padre: 4 ó 5000 frs. Voy a dormirme otra vez. Soñar con GALA. Os llevaré un poema para vos.

Activismo flamenco

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Rumba Rave del colectivo activista FLO6x8 en la sede del Banco de Santander en Sevilla.

El pasado diciembre, un grupo de este colectivo se plantó en dicho banco con 7 transistores, y una radio amiga, compinchada con ellos,  transmitió a la hora prevista la rumba “Banquero” para que pudieran bailarla en directo. La acción se engloba dentro de su campaña "cuerpo contra el capital", con una serie de actuaciones en entidades bancarias de toda España, como protesta contra el sistema financiero, y que expresan a través del arte flamenco.


Por mi parte: ¡OLÉ!

Código de barras

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Fotografía de Katarzyna Widmanska (modificada)

Una apacible tarde de julio. Omega me contemplaba interrogante desde su sillón mientras apuraba con parsimonia una pipa.

-¿Estás segura?- me preguntó, con sus ojos negros clavados en mis pupilas.
-Que sí. Estoy muy segura ¿Cuántas veces me lo vas a preguntar?

Antes de que te lo enseñen por ahí (Miriam Reyes)

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Antes de que te lo enseñen por ahí
te lo voy a explicar yo
-me dijo-
mientras abría mi cama.
Ya no recuerdo cuantos años tenía entonces,
si era joven o vieja.
Sólo recuerdo el asco
arrastrándose dedo tras dedo
por las manos de todos los hombres
-por mis propias manos-
Por favor, pasen sin tocar, pasen pasen.

Hasta que un día encerré el dolor en un frasco
le puse al asco tu cara
y cerré la tapa.
Cuando abrí los ojos habías desaparecido
y por fin pude besar
los ansiolíticos dedos de mi amante.

(Bella Durmiente. Hiperión ediciones, 2004.)

Miriam Reyes