29 octubre 2010

Versos para Marcelino Camacho

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En el principio


Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.


Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.


Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios para desgarrármelos,
me queda la palabra.


Blas de Otero

........................................... Nos queda tu palabra. Hasta siempre, camarada.

8 comentarios:

  1. ¡¡Madame!!

    ¿Dónde estabas? Mira, algo bueno ha tenido la muerte de Camacho, que reaparezcas..

    Un beso

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  2. Justo, mon amour, tú el primero. Qué alegría reencontrarte. Os echaba a todos mucho de menos.

    Cuando regrese del puente, le voy a meter -por fin- mano al blog. Hay que quitar unas cuantas telarañas y adecentarlo un poco.

    À bientôt. Un beso

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  3. La muerte siempre nos asombra un poco, y aún más de su mano. Alegre de verla, entristecido por la pérdida de Don Marcelino.

    Un abrazo, querida amiga. Antonio.

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  4. Recuerdo a Paco Ibañez en el Olympia en aquellos años. Ahora siempre que la escuche me acordaré de ti Marcelino.
    También la cantaba Aguaviva a polifonía de la que entonces ponía carne de gallina.

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  5. ¡¡Y que haya tenido que morir este hombre para que resurjas como un Ave Fénix!!
    Sabía que las ideas políticas estaban muy arraigadas en tí, ;-)
    Yo no te llamaré camarada en ese sentido, ya lo sabes, pero sí en el amor por la palabra.
    Bienvenida, guapa.

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  6. Mery, política aparte, lo de ...me queda la palabra... era tan bonito, tan emocionante... y ya ves, ahora con los blogs siempre nos quedará la palabra aunque no tengamos otra cosa ¿verdad? Lo que es la historia.

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  7. hi, nos conocimos hace tiempo, blogeramente hablando, desaparecí, desapareciste y por casualidad he vuelto a caer en la misma piedra, con la sorpresa de volver a descubrirte, me alegro de tropezar de nuevo, bss


    llamémoslo Wagneris

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