Carta a un esposo

Pintura de Hélène Berton
He perdido la cuenta de las cosechas desde que te fuiste. Y son incontables las noches sombrías de lecho vacío, encogida sobre tu recuerdo. He allanado con mis propios pies el sendero silvestre hasta la bahía de tanto recorrerlo en busca de los navegantes que arribaban, creyendo que en cualquiera de ellos reconocería tu rostro.

Un ciclo tras otro, mis entrañas se han ido ajando a la sombra de tus proezas. De norte a sur, los poetas loan tu astucia. Cantan tus hazañas en tierras de Cíclopes y hechiceras. Ogigia es mi último calvario.

Un día despertarás del sueño de los dioses y regresarás a casa, viejo y cansado. Estoy segura.

Al albor de la noche, he alimentado la hoguera con el telar de mi desdicha. No serán mis dedos, entumecidos de tanto tejer y destejer el sudario de tu padre, los que alivien tu reposo de guerrero.

Me voy de Ítaca.

12 comentarios:

Mery dijo...

¿Este relato, querida Penélope, lo has sacado a cuenta del Oscar de neustra Pe?
Es broma. Te lo leí en su día y como te dije, es magnífico. Dios te guarde esa mano sabia que tantos frutos te proporciona en la escritura y el dibujo.
¿Para cuándo uno de ellos en esta página?

Un beso

Capri c'est fini dijo...

Ah el dilema de Penélope... por un lado encarna al amor incondicional, ese que siempre te espera en tu casa pero por otro lado también la pasividad. Que Penélope se marche de Ítaca sólo hace que la empresa de Ulises no se llegue a completar, pobre hombre... tirado por esos mares de dios y sin el consuelo ni siquiera de un sudario para morir. Un beso.

enrique dijo...

La primera frase es magnífica...

Justo dijo...

La ausencia produce un sufrimiento obsesivo, que puede llegar a fundirse con las matemáticas en su abstracción. Hasta que todo eso se va destejiendo.

Qué texto tan hermoso.

Sintagma in Blue dijo...

Y si puede ser con uno de los pretendientes cachas, mucho mejor.

;-)

Divino, como tú.

Hernando dijo...

Los dedos de las esposas cuando se entumecen por el trabajo, nunca alivian, sólo culpan.

Vinca dijo...

Tras los excesos, el cansancio; y tras de éste, los recuerdos de los excesos.

Luego días de Febrero,
helados de luz y aire
Blanco.

bonjour_Mme

Vinca

Miguel dijo...

lo he publicado en el blog..

He perdido la cuenta
de los días y noches
de incontables cosechas
desde que tú te fuiste;
incontables las sombras
desde el lecho vacío
que guarda tu recuerdo;
allané con mis pies
el sendero silvestre
que busca la bahía
de tanto recorrerlo
buscando navegantes,
una vela lejana,
pensando que llegabas,
entreviendo tu rostro
en agua de los mares.

Un ciclo, después otro,
mis entrañas se han ido
ajando en tus proezas;
desde el norte hasta el sur,
los cantos de algún ciego
han loado tu astucia
cantando tus hazañas
por tierras de hechiceras
y cíclopes hambrientos;
quizá algún día despiertes
del sueño de los dioses
regresarás a casa,
agotado y tan viejo:
estoy ahora segura;
en todas esas noches
alimenté la hoguera,
hilando mi desdicha;
no estará ya en mis dedos,
entumecidos de espera
el halo de tu aliento;
tejiendo y destejiendo
ese eterno sudario,
más bien en la esperanza
de un súbito remedio
que alivie para siempre
tu bélico reposo.




bssssss

Milagros Sánchez dijo...

Dulce Penélope, querida Madame, liberarse de ese sudario tan viejo es siempre renacer de las cenizas y alimentar la dicha.
No sabía de tus dotes para el dibujo, lo cual me alegra muchísimo y espero impaciente que nos sorprendas pronto con alguno de ellos.

(Sigo con ese problema visual, pero no pude renunciar a visitarte y dejarte otro regalo que espero te agrade).

pe-jota dijo...

Penélope incansable teje y desteje sus sueños mientras su vida se desgasta mirando el horizonte.

Stanley Kowalski dijo...

Es un texto maravilloso, con algunas frases antológicas. Me encantó.

BESOS

PD: Gracias por el comentario que me dejaste, sos muy generosa.

Ana di Zacco dijo...

No todas las Penélopes tienen porqué tener tanta paciencia como la original.
Un gusto este post.