Castelao - Nós (lámina 48)

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Alfonso R. Castelao.

Lámina 48 de su álbum "Nós", editado en 1931, donde se recogen ilustraciones realizadas en los años 20.
Museo Castalao

La primera vez...

Fotografía de John Dietrich
Pronto se cumplirán siete años desde la primera vez que blandí una fusta y la usé sobre una carne entregada. Tenía entonces treinta y tantos.

En aquella época, llevaba más de un año merodeando por un salón de chat de temática sadomaso. Aún lo recuerdo bien. Era un lugar amable y fascinante. Anónimos visitantes pululaban por ahí con alias cargados de extraña simbología. Tardé un tiempo en comprender su significado, en distinguir quienes eran dominantes y quienes sumisos. Otros, deambulábamos por ese curioso reducto cibernético como meros fisgones. O eso creíamos. Lo cierto es que llevaba tiempo atrapada en aquel enigmático mundo de bizarras pasiones. Entre tanto, me había dedicado a deglutir cuanta información era capaz de encontrar. Charlaba con unas y con otros, investigando, como quien busca la clave de un misterio vital. Comenzaba a necesitar respuestas a mis propias pulsiones.


El Evangelio según San Mateo (1964) - Pier Paolo Pasolini



Ficha de la película:
Título original: Il Vangelo secondo Matteo
Año: 1964
País: Italia
Director: Pier Paolo Pasolini
Guión: Pier Paolo Pasolini
Música: Luis Enríquez Bacalov (AKA Luis Enrique Bacalov), J.S. Bach, W.A. Mozart, Billie Hollyday
Fotografía: Tonino Delli Colli
Reparto: Enrique Irazoqui, Margherite Caruso, Susanna Pasolini

Género: Drama.
Sinopsis: En clave neorrealista pero sin apartarse del texto bíblico, el polémico Pasolini realiza un cercano retrato de Jesús de Nazaret. (FILMAFFINITY)


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Esta es una de mis películas favoritas de Pier Paolo Pasolini. La película fue rodada de forma artesanal, en blanco y negro, con la cámara en mano en muchos planos, dando una sensación de documental. Los actores no son profesionales ni fueron maquillados para la ocasión, lo que incrementa esa sensación documentalista y de autenticidad. Pasolini se atuvo estrictamente al texto evangélico de Mateo y rodó la historia a modo de secuencias, narrando los distintos episodios de la vida de Jesús de Nazaret sin hilvanarlos entre sí.

Este film es diametralmente opuesto a esas opulentas y artificiosas filmografías sobre Jesús, tan típicas de estas fechas. Jesús está más cercano a la figura de un carismático lider obrero, que a un personaje de índole divino. Está en la tierra, junto a los suyos. Todos los personajes son creíbles. Pasolini quiso destacar sobre todo los valores de un discurso donde prima la solidaridad y el sentido de justicia, sin usar para ello abigarrados efectos de escenografías irreales y apocalípticas. El mensaje de Jesús nos llega claro, diáfano, austero, sin artificios, directo a la conciencia… destacando su verdadero valor y no usado como un arma propagandística. Pasolini tiene además la sensibilidad de no recrearse morbosamente con las escenas de dolor. La crucifixión se toma a cierta distancia, respetuosa con el duelo. Todo lo contrario de lo que sucede en la repugnante película de Mel Gibson, “La Pasión de Cristo”, que no es más que casquería pura y dura. Rompe también el genial director italiano con la tradicional iconografía de Cristo, siempre de cabello largo y medio rubio, de ojos claros, con pinta de atlético anglosajón. El Jesús de Pasolini es un Jesús moreno, ascético, con una fisonomía semita, como corresponde a un miembro de su estirpe.
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Tenía que ser un ateo el que recreara la vida de Jesús de Nazaret más respetuosa y cercana al Evangelio. El Vaticano, siempre tan crítico y furibundo con Pasolini, tuvo que envainársela.


Blogueros contra la Discriminación

Me entero por el blog Bajo el signo de Libra que el gobierno griego va a aprobar una ley sobre parejas de hecho, pero exclusivamente para parejas heterosexuales, dejando fuera de este marco legal a gays, lesbianas y transexuales, en una clara vulneración del derecho a la igualdad. [Más sobre la noticia…]

Con el fin de denunciar esta reiterada discriminación, se está produciendo una movilización en la blogosfera. Así que cada uno, a su manera, puede contribuir a divulgar esta noticia y expresar su desacuerdo.

En una Europa que pretende ser ejemplo de democracia y valedora de los derechos humanos, es intolerable que se permita que un Estado miembro apruebe leyes tan discriminatorias. Vaya desde aquí mi más firme rechazo.

La Regenta [Leopoldo Alas "Clarín"]

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[Fragmento]

Como una ola de admiración precedía al fúnebre cortejo; antes de llegar la procesión a una calle, ya se sabía en ella, por las apretadas filas de las aceras, por la muchedumbre asomada a ventanas y balcones que «la Regenta venía guapísima, pálida, como la Virgen a cuyos pies caminaba.» No se hablaba de otra cosa, no se pensaba en otra cosa. Cristo tendido en su lecho, bajo cristales, su Madre de negro, atravesada por siete espadas, que venía detrás, no merecían la atención del pueblo devoto; se esperaba a la Regenta, se la devoraba con los ojos... En frente del Casino en los balcones de la Real Audiencia, otro palacio churrigueresco de piedra obscura, estaban, detrás de colgaduras carmesí y oro, la gobernadora civil, la militar, la presidenta, la Marquesa, Visitación, Obdulia, las del barón y otras muchas damas de la llamada aristocracia por la humilde y envidiosa clase media. Obdulia estaba pálida de emoción. Se moría de envidia. «¡El pueblo entero pendiente de los pasos, de los movimientos, del traje de Ana, de su color, de sus gestos!... ¡Y venía descalza! ¡Los pies blanquísimos, desnudos, admirados y compadecidos por multitud inmensa!» Esto era para la de Fandiño el bello ideal de la coquetería. Jamás sus desnudos hombros, sus brazos de marfil sirviendo de fondo a negro encaje bordado y bien ceñido; jamás su espalda de curvas vertiginosas, su pecho alto y fornido, y exuberante y tentador, habían atraído así, ni con cien leguas, la atención y la admiración de un pueblo entero, por más que los luciera en bailes, teatros, paseos y también procesiones... ¡Toda aquella carne blanca, dura, turgente, significativa, principal, era menos por razón de las circunstancias, que dos pies descalzos que apenas se podían entrever de vez en cuando debajo del terciopelo morado de la nazarena! «Y era natural; todo Vetusta, seguía pensando Obdulia, tiene ahora entre ceja y ceja esos pies descalzos, ¿por qué?, porque hay un cachet distinguidísimo en el modo de la exhibición, porque... esto es cuestión de escenario.» «¿Cuándo llegará?» preguntaba la viuda, lamiéndose los labios, invadida de una envidia admiradora, y sintiendo extraños dejos de una especie de lujuria bestial, disparatada, inexplicable por lo absurda. Sentía Obdulia en aquel momento así... un deseo vago... de... de... ser hombre.
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Rudolf Koppitz - Movimiento y Composición (1925)

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Ficha técnica:
Título: Bewegung (Movimiento)
Fecha creación: 1925
Técnica: impresión tradicional sobre gelatina de plata

Ficha técnica:
Título: Komposition (Composición)
Fecha creación: 1925

Técnica: impresión tradicional sobre gelatina de plata
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Rudolf Koppitz (1884 – 1936), fotógrafo austriaco de origen checo. Procedente de una familia humilde, comienza su carrera como fotógrafo en pequeños estudios. En 1912 decide ampliar su formación y se matricula en el Instituto para la Enseñanza e Investigación de las Artes Gráficas en Viena, donde se rodea de artistas y fotógrafos. Será conocido en los años 20 por sus estudios del desnudo. El Jugendstil (Art Nouveau) es la corriente artística dominante del momento en Viena, y Koppitz adopta su armoniosa composición, aunque también recibirá la influencia del Constructivismo ruso. Su obra está marcada por un profundo dominio de la forma, la línea y los matices de luces y sombras.

He escogido estas dos obras de Koppitz por su complementariedad. Forman parte de mis iconos fotográficos favoritos. Ambas tienen un halo de tragedia griega. Una contraposición casi geométrica entre los cuerpos vestidos de negro del fondo, que nos recuerda el coro del teatro clásico, y la desnuda soledad de la heroína, ocupando el primer plano. Desde luego, esta es una interpretación muy personal mía. En cierta forma, y dentro de la circunscripción escénica, las dos fotografías también me recuerdan al universo lorquiano. ¿Acaso no ilustrarían a la perfección la Casa de Bernarda Alba?

"El maltratador no está enfermo, quiere controlar a su mujer y la sociedad lo permite"

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Esta entrevista fue publicada hace poco más de tres años en el periódico “La voz de Almería” y la guardé. Me gustó que un hombre hablara como lo podía haber hecho una feminista experta en el tema del maltrato de género. Hoy, por desgracia, el contenido de la entrevista tiene la misma actualidad que cuando fue hecha. Aquí os la transcribo.



Entrevista con Miguel Lorente Acosta. Doctor en Medicina y Cirugía, médico forense. Experto de conocido prestigio nacional e internacional.
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Uno de lo mayores expertos nacionales sobre violencia de género acaba de publicar un libro en el que “desnuda” al agresor. El doctor Miguel Lorente es almeriense. El comportamiento que encuentra en la sociedad, cuyo sistema y normas permite actuar al agresor, le empuja a reivindicar un cambio cultural.

“El rompecabezas. Anatomía del maltratador” es el nuevo ensayo del doctor Miguel Lorente Acosta (Serón 1962), experto en violencia de género. En su obra trata de desmitificar algunos estereotipos establecidos sobre la violencia hacia las mujeres que impiden llegar hasta el fondo de este grave problema social y global y buscar, entonces, posibles soluciones definitivas. La violencia, según el autor, se asienta sobre la cultura.

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Primero fue “Mi marido me pega lo normal”, obra en la que las víctimas eran las protagonistas. Ahora, en “El rompecabezas” habla de los agresores. En ella menciona los “motivos del lobo”. ¿Qué son?
Existe una característica en un maltratador, como una situación mantenida, y es el acoso, ir de menos a más en su aproximación a la víctima. Se trata de la persecución que se hace de la mujer para controlarla y reducirla; que es común en el maltrato.
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¿Cuál ha sido su sistema de trabajo?
La obra parte de mi encuentro con la violencia hacia las mujeres, cuando comencé a trabajar como forense en 1988. Eran casos totalmente distintos a los que yo había visto en mi carrera porque no había una reivindicación, ellas pensaban que eran responsables. Al ver que era común en todas las mujeres, me hizo estudiar sobre las características de ellas y de los agresores y compararlas con otros trabajos. Más que un estudio descriptivo, es analítico.
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Por su experiencia, ¿dónde nace este comportamiento?
En el egoísmo y desconsideración hacia la mujer, la sociedad y todo lo que signifique algo que no sea nuestro. Quieren mantener una situación de privilegio. No dicen que esté mal, sino que lo justifican. El agresor responde a lo que él considera que es un ataque, pero cuando analizas esa situación, ves que buscan justificación y razón para agredir.
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¿Qué les protege?, ¿es el momento de realizar autocrítica?
Hay que romper con esta cultura patriarcal. Cuando el caso se ha producido, el rechazo no es suficiente, porque habremos actuado tarde. Tenemos que posicionarnos hacia la desigualdad y debe tratarse desde la educación y el cuestionamiento de muchos modelos por medio de la información.
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¿Y la sociedad, ¿cómo se comporta?
He realizado un estudio sobre la respuesta social hacia la violencia y he comprobado que la actitud no se ha modificado. Hace cuatro años, el 2,7 % de la gente creía que la violencia era un problema “muy grave”. Entonces, el número de muertes era de 52. Ahora, cuatro años después, es de 72 y el porcentaje sigue siendo el mismo. No existe una evolución a raíz de esa situación tan trágica como es el asesinato. Somos insensibles ante el estímulo de lo que es la violencia. Y es que la justificamos. No damos importancia al bofetón., y cuando se mata creemos que es porque se ha vuelto loco. Estamos dando naturaleza a la violencia.
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¿Existe un perfil o un modo de actuar?
No hay una condición previa que haga al hombre ser maltratador. Hay gente más impulsiva, pero no se traduce en violencia. Si analizamos las actitudes de los maltratadores ves que existe un proceso gradual de control de la mujer, un intento de cuestionar y aislar a la mujer en sus fuentes de apoyo externas: familia, aficiones, etc. Esta actitud puede aparecer diez años después de una relación.
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¿No se puede identificar a priori?
No son formas de ser, sino de actuar. Cuando considera que lo que su mujer hace es un ataque, no un posicionamiento autónomo, puede recurrir a la violencia. Lo que sí cambia es la forma de ejercer la violencia, pero no viene condicionado por una forma de ser o una patología.
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¿Es posible la reinserción?
Tan posible como que no se desinsertan. La característica es que el maltratador está profundamente insertado en las normas y patrones culturales de nuestra sociedad. No hay que reinsertarlo, sino sacarlo de esa fuente de referencia para interpretar la relación. No creo que la solución pase por una terapia o rehabilitación, porque no lo necesitan, no son enfermos. No están analizando con una distorsión la situación que viven. Es verdad que encuentran los instrumentos a mano para realizarla. En una cultura patriarcal habrá facilidad para justificar y recurrir a la violencia, pero en cada uno de los pasos que ha dado el hombre es consciente de lo que ha hecho y obtiene un beneficio, el privilegio.
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¿Existen casos de violencia entre parejas del mismo sexo?
Sí. La violencia es de género por la carga cultural, no biológica. Va relacionado con el rol que desempeñamos en la cultura. El que desempeñe el rol del privilegio puede recurrir a la violencia como elemento efectivo (porque le va bien) para llevar a cabo ese papel.
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La sociedad patriarcal ya está establecida y enraizada. Para poder ver la luz, ¿se ha de empezar, ya, desde la educación?
Suena muy teórico, pero para cambiar, hay que modificar las referencias, Cuando todo funciona bien, no hay que cambiar. Cuando eso se altera por algo al crearse una situación de desorientación, es cuando se toman esas referencias y valores patriarcales, que es lo que legitima para recomponer algo que previamente ha sido alterado por la mujer. Hay que ser muy críticos y romper muchas de las normas establecidas. Hablas de listas paritarias y la gente se echa las manos a la cabeza, y son medidas para cambiar las referencias.
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¿Qué opina de la Ley Integral?
Es fundamental. Siempre se puede mejorar. Es una ley para empezar a plantear la violencia no como un hecho aislado, sino una situación continuada que va más allá de lo que es la cuestión jurídico-penal. La violencia tiene una dimensión global porque afecta a todos los ámbitos en los que se mueve la mujer y todo eso hay que reconstruirlo y hay que abordar cada uno de esos elementos que se han deteriorado afectados por la violencia.
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El año pasado se incrementó el número de denuncias y también de asesinatos. ¿A qué cree que se debe?
El asesinato es un acto, pero en este caso hay que analizarlo dentro de una conducta. De lo contrario, no podemos prever qué es lo que va a ocurrir. Muchas de las manifestaciones leves pueden acabar en homicidios. Un maltratador no es un sádico, es una persona que quiere controlar y estar por encima de su mujer, pero no teniendo que usar la violencia. Ese control se pierde cuando se separa. Hay un periodo de tiempo en que cree que la mujer va a volver y cuando descubre que no es así, se puede producir ese último recurso que es el asesinato. La orden de alejamiento en muchos casos no sirve de nada y hay que buscar medidas más individualizadas. Hay que estudiar a cada agresor.
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¿Es pro-feminista?
De hecho profeso el feminismo. Estoy de acuerdo en los postulados del feminismo tanto en su origen como en su movimiento y pensamiento que desenmascara la desigualdad, la opresión de la mujer y el dominio en nombre de la desigualdad.
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Por Marta Soler. “La voz de Almería”, 17 de enero de 2005
  • Fotografía: Eugenio Recuenco

La última tarde en esta tierra (Mahmud Darwish)

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La última tarde en esta tierra cortamos nuestros días
de nuestros arbustos y contamos los corazones que nos llevaremos
y los que dejaremos, allí. La última tarde
no nos despedimos de nada, y no encontramos tiempo para nuestro fin.
Todo permanece en su estado, el lugar renueva nuestros sueños
y a sus visitantes. De pronto no somos capaces de ironizar
porque el lugar está preparado para acoger al vacío. Aquí, la última tarde
gozamos de las montañas rodeadas de nubes. Conquista y reconquista
y un tiempo antiguo que entrega a este tiempo nuevo las llaves de nuestras puertas.
Entrad en nuestras casas, conquistadores, y bebed nuestro vino
de nuestra sencilla moaxaja, porque nosotros somos la noche en su medianoche, y no hay
alba portada por un jinete procedente de la última llamada a la oración.
Nuestro té es verde y caliente, bebedlo. Nuestros pistachos son frescos, comedlos,
y las camas son verdes, de madera de cedro, rendíos al sueño
después de este largo asedio, y dormid sobre el plumón de nuestros sueños.
Las sábanas están preparadas, los perfumes colocados en la puerta y los espejos son numerosos.
Entrad para que nosotros salgamos del todo. Dentro de poco buscaremos lo que
fue nuestra Historia en torno a la vuestra en los países lejanos
y al final nos preguntaremos: ¿Al Andalus estuvo
aquí o allí? ¿Sobre la tierra... o en el poema?
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"Once Astros" 1992
(Traducción del árabe: María Luisa Prieto)
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Homenaje a Palestina

Un Ocaso en escala de grises (Parte II)

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Tras el cristal, la lluvia incesante enturbiaba el atardecer con su gris plomizo. Gris como sus ojos secos. Los tiempos de las plañideras se habían perdido entre los plateados troncos de los álamos.

Los quejidos ahogados de su perro empezaban a enervarla. Miró el reloj sobre la mesa, junto a la ventana, y pensó que, tal vez, había pasado el tiempo suficiente.

-Bien, - murmuró- veamos qué le pasa ahora a mi sucio animal.-

María se dirigió al dormitorio, al otro extremo de la casa, haciendo resonar en el trayecto sus altísimos tacones muy a propósito. Espléndida, como una decadente diva en su último acto, meneo el trasero por el pasillo, embutido en un indecente vestido de vinilo negro. Al llegar al cuarto, la visión era encantadora. Su magnífico ejemplar de esclavo lloriqueaba a través de la mordaza de bola como un niño pequeño y desamparado. Atado en el suelo, bocabajo, encogidos los miembros sobre la espalda como un hatillo, la postura y la soledad habían empezado a hacer estragos en su resistencia. La presencia de su diosa pareció tranquilizarle un poco. María no estaba dispuesta a liberarle aún. Encendió un cigarrillo mientras tranquilamente se paseaba a su alrededor, apoyando el zapato, de vez en cuando, sobre sus magulladas nalgas y meneándole para atormentarle más en su inmovilización.

Mientras consumía el pitillo, entre bocanadas lentas y pausadas, oyendo complacida los gimoteos de su perro, pensaba en lo entretenido que había sido adiestrar a su mascota. Las tardes de domingo habían cobrado casi color de vida. Beber el dolor de los labios de su muchacho le había proporcionado un placer especial, casi tan intenso como los orgasmos que le hacía arrancar de sus entrañas, lamiéndola a ritmo de fusta. Pensó por un instante en su maestro, aquel enterrador concienzudo, y en lo mucho que había aprendido de él. Sólo que sus enseñanzas las había aplicado arbitrariamente, extrayendo de su esclavo el dolor y el placer en su esencia, sin teatrales liturgias y sin la disciplina de entrega por capítulos. ¿Qué hubiera hecho ella con un absurdo diario de perro? Aburrirse, sin lugar a dudas.

Apagado el cigarrillo, Maria liberó a su atormentado siervo. Sabía cuan doloroso era ese trance. Desatado y sollozando, le dejó recuperarse en el suelo. Esta vez no quiso aliviarle con masajes. Quería verle retorcerse mientras la sangre recuperaba su flujo. Era tan hermosa esa entrega de dolor. A punto estuvo de conmoverse. Cuando estimó que estaba lo suficientemente repuesto, le ordenó levantarse, que apoyara las manos sobre la cama, separara sus piernas y le ofreciera las nalgas. Él muchacho, sin rechistar, así lo hizo. Su Ama no le había quitado la mordaza, eso significaba que los azotes iban a ser despiadados. A ella le encantaba renovar cada domingo las marcas moradas de sus posaderas.

Nada de lo que esperaba el joven muchacho sucedió. Percibió a su Dueña agacharse entre sus piernas. No podía creer lo que sentía. Encorvó la espalda para asomarse y comprobar con sus propios ojos que sus percepciones eran veraces. Y pudo contemplar, pasmado, como la diosa de sus fervores hundía el rostro entre sus glúteos para devorarle como la más devota de las perras. La lengua mojada y experta de su domadora pronto le hizo desistir de semejante contemplación y comenzó a apreciarlo como un extraordinario regalo. Ni en sus más febriles sueños había imaginado placeres parecidos. Su asaltado ano se transformó en un sumidero de espasmos gozosos que, como crecientes olas, le embestían hasta casi hacerle tambalear. Cuando creyó no poder sostenerse más sobre sus piernas, su adorada devoratriz se desplazó hacia delante, hundiéndose en sus genitales cual demoníaca máquina succionadora. Incrédulo, la contempló de nuevo. Vio su miembro desaparecer una y otra vez en el más lascivo de los paraísos. Y sintió a su impúdica reina más reina que nunca... Arrastrada sobre su polla como la más puta, en cambio, resplandecía en su trono como la más poderosa de las emperatrices. La explosión no se hizo esperar y un interminable torrente blanco anegó el Edén ofrecido por su Señora.

El desconcertado esclavo esperó sin osar cambiar la posición. Ahora le caería encima el peor de los castigos -pensó-. Estaba seguro. María recuperó digna la posición y se acercó al oído de su tembloroso muchacho. Le susurró con voz queda:

- No te muevas de aquí hasta que yo te llame. Y no te quites la mordaza, la vas a necesitar.-

El joven asintió servil. No se movería por nada del mundo. Lo sabía... Sabía que ese Olimpo ofrecido no había sido más que la antesala de un temible infierno. Mientras oía el retumbar de sus tacones alejarse por el pasillo, intentó imaginar cuál podría ser el tormento que le depararía su perversa Señora. Sintió una repentina necesidad de orinar. El miedo se estaba calando en sus huesos. Hasta podía olerlo... Los poros de su piel comenzaban a desprender un efluvio acre. Y, sin embargo, el muy perro estaba teniendo una erección brutal, cercana al dolor.

Después de un eterno silencio, durante el cual, el obediente muchacho, se había atormentado con mil preguntas, un estruendo ensordecedor le sobresaltó y, cómo si tuviera un resorte en el trasero, se irguió de golpe. -¿Qué había sido eso?- Al cabo de unos segundos de titubeo, se arrancó la mordaza y corrió hacia el origen de aquel estrepitoso ruido. Abrió la puerta de la última habitación. Ante sus ojos, el averno recobró cuerpo y nombre. De su garganta brotó el más hondo alarido que suplicio alguno le hubiera podido arrancar...


Llevaba una jornada que hasta al mismísimo Satanás se le hubieran hinchado las pelotas. Navajazos en el barrio de las putas. Dos interrogatorios infructuosos. Un asalto a una joyería, con un muerto y tres heridos. Cuatro menores detenidos por agredir a una vieja. Y la puñetera lluvia que no había cesado en todo el día. A Paco no le gustaban nada los días de lluvia, le ponían de mala leche. Mascullaba su pésimo humor mientras subía las esclareas con sus hombres hasta el cuarto piso del viejo edificio. Pensó que debían derribar estos destartalados inmuebles sin ascensor. Ya no tenía edad para andar subiendo interminables peldaños.

Los municipales en la puerta. Lo que faltaba. A saber dónde habían metido las manazas, que luego las pruebas las tenían que recomponer ellos.

-Agente-, saludó escueto, con cara de pocos amigos.

-Buenas noches, comisario. Pase. Tenemos a un testigo. Pero ha sido incapaz de articular palabra.- le recibió el agente de uniforme azul, abriéndole paso hasta la habitación del fondo. -Me temo que el panorama es dantesco-, trató de advertirle.

Paco se detuvo en el umbral de la habitación. Gustaba hacerse una imagen global del escenario antes de adentrarse en su trabajo. Tenía razón el agente. La escena era escabrosa: el cadáver de una mujer desnuda, sentada rígida sobre una butaca de escritorio, de espaldas a la ventana, la cabeza ligeramente reclinada hacia atrás. Un espeso hilo de sangre recorría su carne desde la comisura de la boca hasta la ingle. El ancho collar de cuero en su cuello, adornado con una gran argolla, no había sido capaz de desviar la trayectoria de la sangre. La lluvia golpeaba infatigable los cristales desde fuera, como si quisiera lavar las salpicaduras de materia sanguinolenta, que había quedado adherida en su cara interior. Las parpadeantes luces de neón, del edificio de enfrente, le daban un matiz violáceo e intermitente a los sesos esparcidos sobre la ventana. El brazo laxo, la mano extendida en la línea de una pistola tirada en el suelo, parecían hablar por si mismos. Pero Paco nunca se fiaba de las apariencias. Después de unos instantes de observación, dio la señal a sus hombres para que se pusieran manos a la obra.

-¿Qué hacemos con el testigo, comisario?- le preguntó uno de los agentes de azul.

-Nosotros nos encargamos. Buenas noches-, espetó Paco con parquedad. Era la señal para que la policía municipal se retirase.

El comisario contempló de nuevo al hombre que, en un rincón, envuelto con una manta, no parecía ni respirar. Estaba más lívido que el cadáver. Debía rondar los veinte y pocos años. Otro guaperas con collar. Pues este se ha llevado un susto de muerte -pensó-. Paco sabía muy bien a qué habían estado jugando. Los collares de perro, junto a otros objetos, eran señales inconfundibles. Aunque la mujer yaciente, por alguna enigmática razón, le tenía desconcertado, no podía dejar de mirarla. Su carne inerte, pincelada en escala de grises, parecía absorberle hacia una extraña comunión.

Mandó avisar a otra patrulla para que se hicieran cargo del testigo. En ese lugar no estaba en condiciones de declarar nada. Empezó a moverse por el escenario. No le había pasado desapercibido un cuaderno abierto sobre el escritorio. Se acercó a él. Leyó la última línea:

-“Termina tu trabajo, mi Señor.”-

Le parecieron curiosas esas palabras para sellar el manuscrito antes de volarse los sesos.

Pilar, una de sus sabuesos más eficientes, no le dio tiempo a releer la frase. Con sus guantes de látex, la pelirroja de “nalgas prietas” –así la apodaban en el grupo de homicidios- estaba recogiendo meticulosamente las posibles pruebas para mandarlas al laboratorio.

Una y otra vez, mientras inspeccionaba el lugar de la escena, aquel cuerpo sin vida le reclamaba como un poderoso imán. Furtivamente posaba sus ojos sobre él, hipnotizado por su sensualidad hierática. El collar ensangrentado transgredía la armonía de líneas de una Venus esculpida en mármol gris. El surco rojo oscuro y viscoso quebraba en dos su silueta rígida, como testimonio mudo de una dualidad que encubría un enigma que turbaba al comisario.

Después de casi cuatro horas de faena, estaban a punto de acabar y Paco preguntó si habían avisado al Juzgado para el levantamiento del cadáver.

-Sí, jefe... No creo que el juez tarde mucho en llegar. Hoy estaba de guardia el veintisiete- le contestó uno de sus hombres.

-No jodas. ¿Le ha tocado al nuevo? ¿Al chulito de provincias? Pues verás tú como nos pone alguna pega -, advirtió Pilar. –Ese cabrón... –

-Cierra ese piquito, Nalgas- la interrumpió el comisario, reprendiéndola con esa lacerante mirada de cínico, tan característica suya. –No quiero problemas con los jueces. Así que si os pone pegas, vosotros a cumplir. ¿Ha quedado claro?.-

-Está bien, jefe- le respondió la pelirroja a regañadientes.

Él tampoco soportaba al nuevo juez que, desde hacía aproximadamente un año, se encargaba del juzgado de instrucción número veintisiete. Ahí ya no tenía nada que hacer, así que se despidió y que se encargaran sus hombres de los trámites. Echó un último vistazo al cadáver. Bella y narcótica mujer –pensó-... Subyugante hasta con el cráneo reventado. El disparo en la boca había recorrido una trayectoria limpia, llevándose por delante, en su salida, parte de la masa encefálica, abriendo un buen boquete en la zona occipital, visible sólo desde atrás.


Eran las tres de la madrugada y no conseguía dormir. La lluvia golpeaba la ventana como aquella noche en que la vio por primera vez. Mientras apuraba las últimas caladas de un cigarrillo, tumbado en la cama, volvió a contemplar su fotografía. La había sustraído de una de las cajas de los enseres que nadie reclamó. Y, sin embargo, sus hermosos ojos grises no le cautivaban tanto como aquellos párpados cerrados y sus pálidos labios manchados de sangre que aún recordaba como si la hubiera visto ayer.

Hacía ocho meses ya que el juzgado número veintisiete había cerrado el caso. El forense refrendó el suicidio en un par de días, apremiado por un juez que tenía demasiada prisa por archivar su muerte. El relato de su sabueso preferido, la pelirroja de nalgas prietas, de cómo un arrogante juez, venido de provincias, manchó su impecable traje con el vómito que no pudo contener al ver el cadáver, le proporcionó la primera pista. Unas iniciales marcadas a hierro candente en unos sublimes glúteos, repletos de finas cicatrices, reposando sobre la mesa de disecciones, y la lectura minuciosa de los manuscritos después, delataron definitivamente al verdugo. Comprendió entonces la última frase de aquel diario: -Termina tu trabajo, mi Señor.- María, así se llamaba su muerta, se las había ingeniado para obligar a su Dueño a rubricar el certificando de su defunción y completar el ciclo que él mismo había iniciado el día que la enterró en vida. Sin duda, una mujer audaz.

Paco carraspeó con la última bocanada de humo. El insomnio le hacía fumar más de la cuenta. Se esforzaría por conciliar el sueño. Mañana le esperaba un día duro, como siempre. Antes de apagar la luz, giró la cabeza hacia la ventana. Le inquietaba esa lluvia inagotable que aporreaba los cristales. Parecía como si quisiera romperlos y anegar los once cuadernos cuidadosamente apilados sobre el escritorio cercano. Finalmente se convenció que el legado de su diosa pálida y gris estaba a salvo. Acomodó un poco el ancho cuero, con las viejas manchas de sangre y la gran argolla, que ceñía su cuello cada noche desde que desapareciera misteriosamente de las dependencias del Instituto Anatómico Forense, antes de apretar el interruptor y hundir la cara en la almohada...
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FIN
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  • Fotografía: Alek Thorm

Premio "Arte y Pico"

Me ha tocado el premio “Arte y Pico”, uno de tantos que pululan de blog en blog. Cuando me lo comunicaron me dio bastante corte, la verdad. Estas cosas me abruman un poco, pero seguro que es por darle más trascendencia de la que tiene.

Lo que de verdad ha sido bonito es recibirlo de la mano de Bajo el signo de Libra, el blog de Pe-jota. Para mí, su espacio es uno de los que más admiro. Siempre en la vanguardia, con una enorme sensibilidad artística y humana. Reivindicativo y serio. Se nota que es un blog que me gusta mucho, ¿eh? Pues, sí. Desde aquí mi más sincero agradecimiento y una sonrisa cómplice. Él me entiende.

El premio me lo he tomado como un piropo, un “me gusta cómo lo haces, chiquilla”. Entiendo que, además, su otorgamiento se enlaza con espacios que promueven, de una u otra forma, el arte y el diseño. El nombre mismo lo dice. Y así es como lo voy a transmitir, como un piropo a aquellos blog’s que hacen propuestas artísticas y creativas que me gustan particularmente. La norma establece premiar a 5 blog’s. Esa es la parte más chunga, la exclusión siempre conlleva injusticia, pues necesariamente se quedan fuera blog’s que también me gustan mucho. Pero no vamos a ponernos trágicos, que esto tampoco es la medalla de oro al mérito en las Bellas Artes. Es más, el icono del premio es para llorar de hortera.

Mi “piropo” va para:

El Artista Desnudo: Por su proyecto artísitico entre el Arte Performance y la poesía, como él mismo lo define. Todo cuanto expone es original suyo. Su propuesta está cuajada de un inmenso talento creativo. Con sutil inteligencia nos propone una constante reflexión, más allá de la simple visualización de los elementos que utiliza. Es un explorador en el sentido más amplio de la palabra. Para quitarse el sombrero y las bragas.

Rata Perezosa: Otro artista de prodigioso talento. Sus dibujos y sus textos son geniales. Llenos de humor cáustico y, aunque quiera encubrirlo, de una gran ternura. Me encanta.

El SUR-sub: Un poeta de difícil definición. Transgresor, expresionista… sus versos trascienden la palabra para incrustarse como poderosos iconos en el alma o en el corazón. Según le de. Utiliza una abigarrada y oscura estética, que todo lo rodea. Magnífico.

MIAO – Monstrua Internacional de Arte Oblicuo: Un proyecto colectivo para promocionar el arte y la cultura por encima de criterios mercantiles y de una forma altruista y libertaria. No sólo lo hacen en el blog, que les sirve, digamos, de boletín y cuaderno de actividades, sino que lo hacen sobre todo bregando a pie de calle. Disponen de un local en Manzanares (Ciudad Real) a modo de casa cultural. Proyectan regularmente cine, hacen exposiciones, presentaciones de libros y ahora están montando la primera biblioteca de fanzines y prozines de España. Desde aquí, les expreso toda mi Admiración, así, con mayúscula.

Ellas claman venganza: Espacio de Fetish-Femina, una mujer guerrera y vanguardista, Dotada de una ingeniosa inteligencia, que nos ofrece siempre propuestas nuevas y originales. Cuidado con sus bellos ojos, son capaces de hechizar al más cauto. Advertidos quedáis.

[Recibir el premio implica: Mencionarlo y nominar a su vez a 5 blog’s… ahhh, se siente.]