MEDEA [Eurípides]

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[Fragmento]
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CORO:Escucho sus gemidos y lamentos, sus agudos clamores lastimeros, contra el esposo que su lecho infama; invoca, sintiéndose ofendida, a Temis guardiana de los votos que la hizo, hasta la Hélade opuesta, surcar de noche la onda salada, la llave del gran mar.
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Medea sale a escena y se dirige al coro.
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MEDEA:¡Oh, mujeres corintias! Salgo de casa por que reproches no me hagáis; pues, mientras sé que muchos hombres, tanto en privado como en el trato externo, orgullosos realmente se vuelven, a otros hace pasar por indolentes su tranquilo vivir. Que no son siempre justos los ojos de la gente y hay quien, no conociendo bien la entraña del prójimo, le contempla con odio sin que haya habido ofensa. Y, si debe el de fuera cumplir con la ciudad, no alabo al ciudadano que amargo y altanero con los demás se muestra por su falla de tacto. Pero a mí este suceso que inesperado vino me ha destrozado el ánimo; perdida estoy, no tengo ya a la vida afición; quiero morir, amigas. Porque mi esposo, el que era todo para mí, como sabe él muy bien, resulta ser el peor de los hombres.
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De todas las criaturas que tienen mente y alma no hay especie más mísera que la de las mujeres. Primero han de acopiar dinero con que compren un marido que en amo se torne de sus cuerpos, lo cual es ya la cosa más dolorosa que hay. Y en ello es capital el hecho de que sea buena o mala la compra, porque honroso el divorcio no es para las mujeres ni el rehuir al cónyuge. Llega una, pues, a nuevas leyes y usos y debe trocarse en adivina, pues nada de soltera aprendió sobre cómo con su esposo portarse. Si, tras tantos esfuerzos, se aviene el hombre y no protesta contra el yugo, vida envidiable es ésta; pero, si tal no ocurre, morirse vale más. El varón, si se aburre de estar con la familia, en la calle al hastío de su humor pone fin; nosotras nadie más a quien mirar tenemos. Y dicen que vivimos en casa una existencia segura mientras ellos con la lanza combaten, mas sin razón: tres veces formar con el escudo preferiría yo antes que parir una sola. Pero el mismo lenguaje no me cuadra que a ti: tienes esta ciudad, la casa de tus padres, los goces de la vida, trato con los amigos, y en cambio yo el ultraje padezco de mi esposo, que de mi tierra bárbara me raptó, abandonada, sin patria, madre, hermanos, parientes en los cuales pudiera echar el ancla frente a tal infortunio. Mas, en fin, yo quisiera de ti obtener sólo esto, que, si un medio o manera yo encuentro de vengar el mal que mi marido me ha hecho, callada sepas estar. Pues la mujer es medrosa y no puede aprestarse a la lucha ni contemplar las armas, pero, cuando la ofenden en lo que toca al lecho, nada hay en todo el mundo más sanguinario que ella.
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Eurípides
  • Pintura: Eugene Delacroix ( Museo del Louvre. París.)

6 comentarios:

cure of love dijo...

Y mata a su propia sangre, a lo que surge de sus entrañas y su corazón. A Medea, después de todo era lo único que le quedaba, la única arma que enfrentar a un marido advenedizo y a una reina caprichosa.

Pues claro que sí.

enrique dijo...

No hay nada como volver a los clásicos. Todo, absolutamente todo de la condición humana está en ellos...
Delacroix, inmenso pintor...

Diego dijo...

Clásicos, entre nosotros, todo parece que cambia poco.


Diego

Terrorista del Amor dijo...

Tengo que decir, que en madrid hay un bar de ambiente hard lesbico, digno de conocer, y hace alusión su nombre a la historia que nos has contado.

besitso

Fernando S. dijo...

lo malo de los clásicos es que la realidad es y sigue como en las tragedias...la mujer de Murcia que mató a sus dos hijos por el desamor de Jasón y la locura que le produjo...besos xx

Madame X dijo...

La Medea de Eurípides contiene un drama psicológico como pocos personajes femeninos de la tragedia griega, donde las heroínas, más idealizadas, dependían más de los avatares divinos. Medea, en cambio, aparece como la mujer que se autoafirma hasta las últimas consecuencias. Cuando se estrenó la obra en Atenas, no gustó. El papel chocaba demasiado con lo que se esperaba de una figura femenina.

Lo que hubiera dado por ver a Irene Papas interpretando a Medea, por ejemplo, en el anfiteatro de Mérida.

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